En cuanto a la tentación de Cristo en el desierto, el infinitivo aoristo pasivo peirasqjnai puede ser interpretado de varias maneras según la gramática griega. En este caso, básicamente como un infinitivo final o de propósito para expresar la finalidad de la acción indicada por el verbo principal de la oración (llevado por Dios al desierto. . . para ser tentado por el diablo) o como un infinitivo de consecuencia o resultado para expresar el efecto de la acción expresada por el verbo principal (llevado por el Espíritu al desierto . . . como consecuencia de lo cual fue tentado por el diablo o siendo [allí y entonces] tentado por el diablo).
Según A short syntax of New Testament greek, de H. P. V. Nunn (Cambridge: Cambridge University Press, 1956), pp. 89, 90. Haciendo referencia a este sentido dice que debe reconocerse que todas las versiones consultadas en idiomas modernos traducen este infinitivo como final o de propósito (¨para ser tentado¨). No deja de ser significativo el hecho de que Mateo sea el único de los evangelios que presenta la construcción problemática. Tanto en Marcos (1: 12, 13) como en Lucas (4: 1, 2), el Espíritu simplemente conduce a Jesús al desierto, donde el diablo parece implicitamente aprovechar el prolongado ayuno de aquel para tentarlo.
Por otra parte, a la luz de todo lo revelado acerca del carácter de Dios, no parece consistente que Mateo lo esté pintando aquí como socio del diablo en la tentación del Hijo. De ser así Dios habría, por así decirlo, puesto a Cristo en el boca del diablo, quien ciertamente no necesitaba la ayuda de Dios para tentar a Jesús. Sin duda lo había hecho ya antes y lo seguiría haciendo de todos modos hasta el último momento de la vida terrenal del Señor.
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